Historicamente, la mayoría de las historias de creación, comienzan en el Vacío. Allí, solo hay un espacio vacío, oscuridad plena, "La nada" en su forma mas genuina. Este relato de creación no es como la mayoría.

 

En el comienzo, había todo lo que puedas imaginarte. Las aves cantaban, las ratas corrían y los gatos se deslizaban, cada cual como sabía hacerlo. La luz brillaba, la luna resplandecía y el agua se separaba de la tierra. La creación estaba completa, todo donde debía estar. 

 

Y entonces, el cristal apareció.

 

Del Vacío vino, aquella oscuridad que dio a luz a la creación. Se lanzó a velocidades fuera de toda comprensión, con números para los que no había nombre. Llegó con una promesa, una esperanza, algo que provenía de una tierra alienígena. Ailur resistió. Ella había creado sin ayuda, planificando y creando con su propia y cuidadosa medida. No necesitaba ningún extranjero, y especialmente no necesitaba ayuda, asi que elevó un escudo de fuego para bloquear al extraño.

 

El cristal tembló. El fuego saltó a sus costados y chamuscó su cara, mordiendo, masticando, intentando despedazar el brillante exterior. El extraño no sufrió quemadura alguna, pero comenzó a doblarse, pequeñas quebraduras se conectaban lentamente como telas de araña, por toda su superficie. La presión creció, las llamas se elevaron, pero el cristal continuó su curso.

 

KRAK. El sonido se repitió una vez, dos, cuatro veces, KRAK. El extraño fue despedazado, seis formas donde antes, había una sola. 

 

Y los seis brillaron y giraron en el calor, sus direcciones se enredaron y sus conciencias se confundieron. Mientras pasaban a través del escudo, se dispararon a través de Ailur aún mientras ella gritaba. Estaban solos y eran odiados, estos extraños, pero al mismo tiempo, estaban vivos, desafiando las defensas de la tierra.

 

Y así cayeron, uno en el exhuberante verde, otro en un paraíso tropical, y otro donde el viento siempre sopla y la nieve nunca se detiene.

Salpicaron todo el paisaje y se instalaron, no sabiendo cual era su misión, pero sabiendo que había una misión que cumplir. Todo lo que podían hacer era esperar.

 

Pronto les fue claro que efectivamente, todo lo que tuvieron que hacer fue esperar. Los gatos aparecieron con sus ojos verdes y naranjas, curiosos mientras pululaban entre los cristales. Algunos pasaban ligeramente por su lado, otros se refregaban contra ellos, pero todos tocaron de alguna manera a estos diamantes relucientes. 

Era casi como si los estuvieran llamando.

 

Lo que los gatos no sabían era que los cristales tenían una gran energía - seis filamentos de una poderosa y antigua magia. Con el tiempo, su cercanía a esta magia los cambió; rapidamente evolucionaron a seres sensibles, criaturas conscientes con habilidades magicas propias.

 

Donde antes había cuatro patas, ahora había solo dos, pero había mas que solo una simple sustracción de puntos de apoyo. Los gatos comenzaron a hablar, no solo de comida o territorio, pero también de filosofia y arte, de necesidades y deseos, aquellas partes secretas de cualquier corazón que son tan a menudo escondidas u ocultas.

Volvieron sus ojos al cielo y alrededor de esos cristales, primero comenzaron a soñar. Y en profunda introspección encontraron un nombre: Anagativa.

 

Pero no estaban solos. Donde fuera que los gatos iban, las ratas huían, pero estos ya no eran gatos. Así que las ratas los siguieron en cambio, observando desde lugares ocultos todas juntas, explorando a estos fragmentos extraños también. Y así también crecieron, elevandose en dos patas y hablando de filosofía y arte, necesidades y deseos, aquellas partes secretas de cualquier corazón que son tan a menudo escondidas u ocultas. Aunque las ratas no se atrevían a acercarse a estas piedras sagradas, ellos también empezaron a cambiar y a soñar.

Eventualmente, encontraron un nuevo nombre: Kotakaya.

 

Pero los Anagativa se opusieron. Ellos eran los Primeros, los Kotakaya Segundos, por lo tanto, la mayor porción de los cristales, la que era digna de un león les pertenecía. Era el mandato de los cristales, los Anagativa aseguraban, y éste debía ser obedecido.

 

 

Las una vez ratas, se inquietaron y enfurecieron, pero los Anagativa los silenciaron con palabras y colmillos.

 

Y así, sabiendo que no eran dignos rivales para los Anagativa en su estado actual, los Kotakaya se retiraron a las tierras salvajes de Ailur, se conformarían con esperar entre las sombras. Y allí se quedarían… Creciendo en fuerza y en número hasta que el momento de confrontar a los Anagativa llegara.

 

Y las una vez ratas comenzaron a pensar que serían ratas por siempre, porque antes tenían todo, y ahora, nada.

 

Hasta que…

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