En los primeros días de los cristales, el mundo estaba en paz. Los cristales brillaban con  una radiante abundancia y los Anagativa, siempre con abundancia, no conocían necesidad alguna. Sus panzas estaban llenas, sus persecusiones eran exitosas y nada yacía fuera de su alcance.

 

Todo era perfecto y eso justamente… Era el problema.

 

"Hubo un tiempo en el que solo eramos cazadores de ratas, acechadores de palomas, adversarios de lagartijas y lagartos" Decían los Anagativa. "Ahora somos nada. Nos sentamos todo el dia, holgazaneando al sol, engordando y siendo inutiles. Esto está bien para unos simples gatos, pero nosotros ya no somos gatos. Somos los elevados Anagativa, seres con pensamientos, pasion y sueños… Necesitamos un proposito."

 

Los cristales se enturbecieron. Sabian que lo que decían los Anagativa era cierto, y aun así, en su gran amor, los habían mimado. Los mantuvieron lejos de todo daño, no sufrían necesidad alguna, por lo tanto, no tenían razones para crecer. Los cristales sabian lo que debían hacer, y rompía sus corazones.

 

"Les daremos propósito" los cristales finalmente dijeron, "Pero a cambio, les daremos sufrimiento, ya que tener un propósito no es una garantía de seguridad.

 Conocerán el aguijon de la decepción, el latigo de la necesidad, sus estomagos van a rugir y sus espaldas dolerán. Se esforzarán por años y años pero no conocerán el exito. 

Les daremos propósito, pero esto trae una inevitable desolación. Entienden esto?"

 

Los Anagativa no dudaron. 

La necesidad era una memoría distante, el sufrir, un mal sueño. Los esfuerzos del mundo se habían desvanecido de sus mentes y todo lo que quedaba era gloria deteriorada. Hablaban con pasión, pero sin entendimiento. 

 

"Entendemos y les pedimos de nuevo — Denos un propósito!" Y así, los cristales callaron. No se movieron, ni siquiera resplandecieron. No pasó mucho después de esto, que una Anagativa se acercó a ellos, sus marrones cejas, trenzadas.

 

"Cual es nuestro propósito?" ella preguntó.

 

Con ese hecho, los cristales brillaron con su verdadera intensidad, encegueciendo a todos los reunidos. Como una sola voz hablaron, grandiosa y estruendosa. 

 

"Nisargan, Primeros en Hablar, ustedes soportarán la carga mas pesada — ustedes serán los cuidadores del mundo. Bajo sus patas, los árboles crecerán, por su voluntad, el odio caerá.

Amarán a todos, sea flor o bestia, y sus deseos, darán vida a todas estas cosas. Soportarán la responsabilidad de todo a pesar de tener tan poco que puedan realmente controlar. Ahora, no se demoren, que el mundo ya ha comenzado a marchitarse" 

Y era cierto, ya que el brillante verde, comenzó a volverse marron. Los Nisargan corrieron a revitalizar la tierra

 

"Y nuestro propósito?" pregunto un Anagativa naranja, sin dejarse intimidar por la situación.

 

"Keozan, Segundos en Hablar, ustedes estarán en conflicto con los Nisargan y con el mundo entero. "Mientras ellos acogen la paz, ustedes desatarán la guerra. El Hierro erá su apostol y de el, ustedes forjarán corazones rotos y penosos días. Ahora, no se demoren, que el mundo ya ha comenzado a enloquecer"

 

Y era cierto, ya que los Kotokaya ya habían comenzado a marchar. Los Keozan corrieron a forjar armas.

 

"Y nosotros?" Preguntó un delgado Anagativa, estremecido. Los cristales dudaron.

 

"Lyumina, Terceros en Hablar, ustedes vivirán en la tierra, pero anhelaran las estrellas. 

Mirarán el cielo moverse y trazaran los caminos de su extensión. Son ustedes quienes crearan las historias de los cielos pero aún así, nunca los conocerán. Ahora, no se demoren, que el mundo ya pierde su fulgor"

 

Y era cierto, por lo que el cielo brilló con una nueva luz. Los Lyumina corieron a diagramar las estrellas.

 

"…Ahora viene nuestro turno?" preguntó un Anagativa esponjoso, resignado.

 

"Tandara, Cuartos en Hablar, ustedes tramarán las tormentas y anticiparan el clima que se aproxima. Conocerán todo lo que se aproxima, y se prepararán, en vano para su llegada. El hielo cosquilleará sus venas y la escarcha morderá sus pies y nunca conocerán la calidez.

Ahora no deben demorarse, que el mundo ya comienza a tornarse gélido"

 

Y era cierto, por lo que el viento del Este comenzó a aullar. Los Tandara corrieron a prepararse para las tormentas.

 

"Podrían detenerse?" preguntó un Anagativa sin pelaje, horrorizado. Los corazones rotos de los cristales se estremecieron, pero continuaron.

 

"Sykomana, Quintos en Hablar, ustedes serán desterrados a la prisión de la mente. Lo fisico perderá su atractivo, el agua su frescura, la carne su sabor con cada persecusion psiquica se encontrarán cada vez mas embriagados y querrán cada vez mas. Controlarán mentes y desarrollaran celos y sus logros nunca parecerán suficientes. Ahora, no se demoren, que el mundo todavía no está en sus manos"

 

Y era cierto, ya que no contaban con Dominio alguno. Los Sykomana se apresuraron a controlar a otros. 

 

La última Anagativa estaba en silencio. Su cabeza inclinada y sus hombros derrumbados.

 

“No temblarás tú también ante lo que inevitablemente se acerca?" preguntaron los cristales suavemente.

 

"Acepto mi proposito", dijo ella, volviendo su cabeza para contemplarlos. "No es lo que yo quiero, sino lo que debo hacer.  Diganme cual es su voluntad y me empeñaré en hacerlo lo mejor que pueda" 

 

Los cristales dudaron. Sentían en sus corazones que no podían soportar mucho mas mientras contemplaban esos intensos ojos violetas. Cinco veces maldicieron a sus hijos y cinco veces sus corazones se rompieron. No podrían sobrevivir una sexta vez. Asi que hablaron una vez mas y en esta oportunidad, no pudieron ocultar de sus voces, la tristeza que ésto les causaba, asi que con sus voces temblando dijeron:

“Myrtuna, Última en Hablar, tu amarás a los muertos. Este mundo temblará y sus hijos caerán y nada quedará para recordar sus nombres. En cambio, ustedes sí lo harán, venerando sus espiritus, honrando sus memorias, dando algo de alivio a los vivos quienes ahora sufren tanto. Son ustedes quien verán mas allá de lo que los otros pueden ver para ayudar a sus frágiles corazones, ya que la muerte no es el fin, sino una puerta. Ahora no te demores, porque el mundo ya comenzó su luto"

 

Y era cierto, ya que todos en el mundo habían sido dados con un propósito. Los Myrtuna corrieron a sanar corazones que ya habían comenzado a romperse.

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